El tiempo es el único culpable…

Buenos días!!!

Después de unos días de vacaciones, de disfrutar de la Semana Santa y de descanso, estoy otra vez por aquí. En la entrada de hoy, comparto un texto que he encontrado por el ordenador, escrito por mi mamá y que espero que os guste…

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El tiempo es el único culpable…

La mujer A es una chica de unos veinte años, ambiciosa, con ganas de vivir la vida. La mujer B tiene unos pocos años más y también está llena de vitalidad. Podrían ser iguales pero hay una cosa que las diferencia, la mujer B es mamá.

La mujer A no utiliza agenda, tiene una memoria privilegiada y es capaz de acordarse de todo. La mujer B sí tiene que utilizar agenda, y aún teniéndola, se le olvidan muchas de las cosas que tiene que hacer. Desde que es mamá, su memoria ha cambiado y a veces, hace cosas raras como meter una taza en la lavadora o guardar el mando de la tele en la nevera.

En el bolso de la mujer A encuentras una cartera, el móvil, maquillaje, unos pañuelos y las llaves. La mujer B ha tenido que sustituir su bolso por una mochila grande, porque no le cabe todo lo que necesita: pañales, toallitas, un tentempié, una muda de recambio, un juguete, el chupete, la botella de agua, tiritas, pomada para golpes,… y aun así, siempre se le olvida algo.

La mujer A es puntual, siempre. En cambio, la mujer B aunque lo intenta, no lo es. Aunque se levante una hora antes para no hacer tarde, siempre hay algún imprevisto de última hora: su hijo se hace caca antes de salir, se vomita encima y hay que cambiarlo o simplemente el tiempo corre más de lo que ella espera.

La mujer A tiene todo el día en la cabeza la canción de moda, la que ponen en radios y discotecas. En cambio, la mujer B tararea todo el día los cinco lobitos, las ruedas del autobús o el patio de mi casa.

La mujer A cuando va de compras vuelve con cinco bolsas de llenas de ropa para ella. Igual, con suerte, le compra algo a su novio o a su madre. La mujer B, por otro lado, primero mira para su bebé, le compra de todo y si aún le queda tiempo, entonces se mira alguna camiseta o pantalón para ella.

Ambas mujeres esperan con ilusión el sábado noche pero tienen distintos planes. La mujer A se tira una hora para bañarse y ponerse sus cremas. Se viste, se maquilla y se perfuma para estar lista para ir a cenar y de fiesta con los amigos. La mujer B se ducha en unos minutos, se pone el pijama, acuesta al niño y se tira al sofá con su pareja mientras cenan unas pizzas y ven su serie preferida.

La mujer A ha empezado a hacer dieta y ejercicio para cuidarse y estar en forma. En cambio, la mujer B le preocupa más la correcta introducción de los alimentos de su hijo y que éste crezca sano comiendo de todo. Para eso, ha aprendido a hacer croquetas y hamburguesas de verduras, galletas integrales y batidos de frutas, cosas que nunca antes había preparado porque con una ensalada y unos filetes de pollo ya estaba servida.

La mujer A duerme en una cama grande, bien arropada durante toda la noche y del tirón. La mujer B duerme en una cama similar a la mujer B pero prefiere darle el edredón a su hijo si lo ve destapado y no le importa levantarse a por agua, a acompañarlo a hacer pis o simplemente comprobar que está bien. Ya nunca duerme del tirón pero la noche que sólo se despierta una vez, se levanta la mar de contenta.

La mujer A coge un resfriado dos o tres veces al año, en cambio, la mujer B, cada vez que su hijo se pone malo, se pone enferma y lo coge mucho más fuerte que su hijo, sea un resfriado, una gastroenteritis o una conjuntivitis. Es algo como una especie de “solidarización enfermiza con tu hijo”.

Cuando la mujer A vuelve de trabajar, va pensando si quedará con alguna amiga para tomar algo o se irá directamente a casa a cenar y a leer un libro. La mujer B mientras regresa a casa sólo piensa en una cosa y es que está deseando ver a su hijo, abrazarlo y comérselo a besos.

Y eso no quiere decir que siempre tenga que ser así. Por ejemplo, la mujer B también le gusta salir de vez en cuando, tener tiempo para ella y hacer alguna actividad a solas, pero aunque lo haga, su prioridad sigue siendo su hijo, nunca se lo podrá sacar de la cabeza, siempre estará pensando si estará bien, si habrá merendado o se estará portando bien.

Y aunque estén llenas de diferencias son iguales. Las dos tienen sueños, ilusiones y luchan día a día para ser felices y que la gente que le importa también lo sea. Lo único, que el tiempo cambia prioridades y gustos, pero ni una es más feliz que la otra, ni tiene más suerte o es más privilegiada, sólo que el paso de los años nos cambia a todos, nos hace madurar, nos hace tener otros objetivos e ilusiones.

En este ejemplo, ambas mujeres soy yo, la mujer A con 20 años y la B con 27. En ambas etapas de mi vida he sido muy feliz, sólo que el tiempo es el único culpable, queriéndote cambiar pero siempre a mejor, para que vivas muchas experiencias, ames con todo tu corazón, conozcas el amor verdadero de tener un hijo y crezcas como persona para dar siempre lo mejor de ti. No todas las personas necesitan ser padres, en nuestro caso, queríamos serlo para seguir dando amor, enseñar nuestros valores a una personita, crecer personalmente y conocer la felicidad de ser padres.

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Un saludo,

Lucas.

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